Nada se para, nada espera. O te mueves o te pasa por encima la vida y su rueda. Es cierto. Pero me quedo siempre quieto, inmóvil (hasta) de pensamiento, las dificultades me atenazan e incluso antes de afrontarlas se que estoy muerto, sin escapatoria, sin victoria. Una montaña sin equipo de escalada, sin oxígeno, sin ganas. Lo veo venir, me coloco en el centro, dejo que me arrolle, pero no quiero, MUERTO. Otra oportunidad pasada, otra frustración más a la espalda, vuelta a empezar. ¿Miedo a fracasar? Al fin y al cabo, siempre es tarde para reflexionar.
Cada nuevo amanecer guarda una nueva oportunidad, una nueva vida de 24 horas de duración perseguida por el anochecer. Vas a contrareloj y sin aliento. Ahora imagina que es la última vez que ves salir el sol, que cada segundo se te escapa sin tan si quiera poder verlo...bienvenido a mi día a día.